DUERME SIN MIEDO

 

Una mañana desperté en el lugar más hermoso que jamás había conocido, era un gran jardín lleno de flores silvestres, de tulipanes, lirios y margaritas. Un lugar que jamás había visto en fotografías ni reconocido en películas. Recuerdo abrir los ojos y sentir el fresco olor de las flores y de la tierra húmeda, a la verdad no comprendía como había despertado ahí, tras la confusión mi primer pensamiento fue - ¡OH, DEICY ESTAS EN EL CIELO, TE HAS MUERTO! - Del pánico me levanté exaltada y preocupada. -No, yo no puedo estarlo ¿Cómo es posible?, Pensaba.   Aun soy joven y no he alcanzado mis sueños.

A lo largo de mi vida había expresado con tal frivolidad que no le tenía miedo a morir, puesto que la muerte es nuestro destino seguro y que no hay forma de esquivarlo, Sin embargo, al estar en un lugar que se parecía a lo que todos describían como el cielo me generó tanto miedo, que confieso que las razones no eran propias de estar en el “cielo” sino del remordimiento de saber que me faltó mucho por hacer y vivir. En medio de la disputa entre el remordimiento de lo que no fue y la confusión de no saber dónde estaba, Escuché unas voces que me gritaban:

-          ¡Oye, floja! hasta que te despertaste. -Era mi mejor amigo y mi novio, venían del horizonte trayendo una bolsa de fritos muertos de la risa.  Lo entendí, solo era una broma. Al girar me llené de alivio y corrí hacia ellos recibiéndoles con unos merecidos golpes por la bromita.  

-           Realmente pensé que había muerto, Les dije.

-           Anoche estabas tan borracha que sabíamos que no sentirías nada cuando te rodáramos, me respondió -Mario mi amigo. Riéndose a carcajadas. Les odio, - le respondí.

El lugar donde estábamos era un cultivo de flores que se encontraba cerca de nuestro hospedaje. Fue una hermosa mañana, el sol, la brisa y el sonido de los pájaros se sentía en armonía y perfección, la sensación de remordimiento se había ido y ahora si podía disfrutar del bello lugar.  A veces, aunque estemos en hermosos lugares, viviendo grandes experiencias no las logramos apreciar a causa de las oscuridades de nuestra alma, que en lo personal podría ser otra forma de estar muertos en vida.

Retomando la historia, Luego de desayunar mientras me contaban en detalle la hazaña de traerme hasta el cultivo; decidimos caminar entre las flores, mientras recordábamos viejos tiempos y el valor de nuestra amistad y hermandad. Así se pasaron las horas, y al mirar hacia atrás nos fijamos que habíamos caminando un par de kilómetros. Ni el cansancio pudo detener la alegría de estar en el presente, pero como todo tiene su fin debíamos regresar; en ese justo instante Mario comienza hablar:

-          Chicos, a lo mejor sus caminos está en regresar, no obstante, yo si debo quedarme, gracias por estar hasta final de mi camino. Y al momento de cuestionar su comentario, me despertó la alarma.

Al llegar a esta parte de la historia usted pensará que todo fue un simple sueño, y De hecho lo fue, un sueño que tuve en el año 2019 en el momento y la hora exacta para comprender que mi duelo había empezado y mi cerebro lo proyectaba para afrontar la ausencia de Mario.  Mario tenía cáncer y en los últimos meses de ese año su salud se había deteriorado y ya no había esperanza para su recuperación. Siendo sincera no recuerdo la última vez que lo ví en persona, pero si recuerdo la forma espiritual en que nos despedimos por medio del sueño.

Él muere un mes después, y el vacío que dejó entre su familia y amigos fue tan grande como se esperaba, lo despedimos haciendo lo que él más amaba, cantando. Cerramos su última presentación con el famoso villancico de Adolfo mejía y Daniel Lemaitre “Arrurrú” y la última línea de esta solmene obra expresa lo siguiente: “duerme sin miedo que estás con mamá”. Espero que haya sido así, espero que haya descansado sin miedo.

Esta experiencia con la muerte y conexión con los sueños me dejó algunas preguntas y reflexiones. Lo primero, me pregunté si Mario se fue con la sensación de miedo que yo sentí al pensar que era yo quien había muerto joven sin haber vivido tantas cosas, o solo fue una proyección de mis propios temores; yo espero que al final de su vida se haya dormido sin miedo.  Vivir con miedo y morir con miedo un gran peso que el alma no puede controlar. Lo segundo, el valor del presente y de vivir. Comprendí que debía vivir un día a la vez y disfrutar mis días llenos de sabiduría. Tercero, el tiempo que los demás te entregan, aprécialo, amalo y exprésalo en gratitud, después de todo, el haber sido parte de la vida de los otros y ellos de nosotros es la demostración de que los sueños también tienen forma de personas. Cuarto, haz todo lo que Dios permita, esfuérzate en todas las cosas que anhelas para que vivas sin remordimientos. Quinto, finalmente decir que de ese día tengo la rara sensación de haber estado entre sueño y realidad, y creo que en 2019 si estuve en el paraíso y que quizás Mario hoy pueda estar disfrutando de esa eternidad. 

 

 Autora: Deicy Rodriguez. 

 


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